Hola, gente. Lo diré sin rodeos: estoy en África. ¿Por qué? Pues porque el puto escritor (aprovechando que estamos en una de las Islas Canarias), ha decidido enviarme con una tribu indígena, para que ellos encuentren mi karma positivo.

En principio, no me pareció mala idea (sobre todo porque así parezco Superman en busca de su kriptonita), lo malo del asunto es que la tribu, llamada Kikula, ha resultado ser caníbal. En serio. Caníbal y además hambrienta, ya que cuando llegué me mordieron un brazo sin mediar palabra y acto seguido quisieron arrancarme la nariz para hacerse una sopa de Avecrem.

-¿Tú-ya-mejor?

El que pregunta es el Chamán Mobuto, un tipo en taparrabos, con plumas en la cabeza y más negro que el betún.

-De mejor nada, me duele el brazo que te cagas.

-Dolor pasar pronto. Los blancos ser quejicas y muy feos.

-A ver, Mobuto, vamos a llevarnos bien. Quejica pase, pero feo ni de coña. Hay blancos feos, no lo niego, pero no es mi caso, porque yo soy más guapo que la hostia.

-Wataba to-wanibe.

-No entiendo, así que por si acaso eso lo será tu padre.

-Digo que ir a tienda para iniciación.

Vale. Acato la orden, y tras meternos en una inmunda choza y sentarnos en plan indio, el Chamán me ofrece un cigarro que parece liado con cáscaras de plátano.

-¿Esto qué es? ¿Un porro?

-Mi no saber qué ser porro. El cigarro son hierbas para que los dioses muestren tu animal sagrado.

-Sí, de acuerdo, pero... ¿contiene droga?

-Calla y fuma. Tu karma positivo espera.

Okey. De nuevo acato la orden y en la primera calada siento que me invade la madre de todos los cuelgues. Conque no era droga, ¿eh? ¡Maldito Chamán! Aquello lo menos es peyote del bueno. O sea, genial para que mi mente se emborrache de flower power.

-¡Aummmh... babaliuuuummh...!

Y así estoy un rato, cantando mantras inconexos, hasta que en mitad del colocón, me veo corriendo por la jungla como si fuera un salvaje. Rama por aquí, rama por allá, y al fin, detrás de un arbusto, me encuentro con una mariposa recién salida del capullo. ¿Será ese insecto mi animal sagrado?

La pregunta no tiene respuesta, ya que en ese instante regreso a la realidad y mientras los indígenas cantan alrededor del fuego, me veo dentro de una olla gigante, flotando en un liquido plagado de zanahorias, puerros y patatas.

-Eh, ¿qué coño pasa aquí?

-Pasa que ser hora de comer.

¡Tócate los cojones! Y encima, el jodio Chamán, va y me hecha una pizca de sal por la cabeza.

-Ya vale de cachondeo, que esto no tiene gracia.

-¡Wata-wata-wata...!

-¿No me oís? Ojo, conmigo, que soy un superhéroe, y no quiero hacer daño a las razas subdesarrolladas.

-¡Wata-wata-wata...!

Nada, ni caso, los indígenas siguen cantando y danzando en torno al puchero. De modo que mientras el agua empieza a hervir, saco las oportunas conclusiones: a) pienso matar al puto escritor en cuanto le vea; b) como mi animal sagrado sea una mariposa voy apañado; y c) espero que todo se trate de una alucinación y ahora mismo no me estén cocinando.

johnnysuperheroe@hotmail.com