Hola, mundo. Terminadas las fiestas navideñas me encuentro sumido en la oscuridad y sólo el brillo de la Luna llena ilumina parte de la casa. Llevo así un rato, esperando, hasta que tres siluetas cruzan el salón, enciendo la luz de golpe y entonces les pillo in fraganti:

-¡Aaaaaah! ¡Coño, qué susto!

El miedoso es Baltasar, que junto con Gaspar y Melchor, forman el trío de Reyes Magos venidos de Oriente.

-Os esperaba, y para no andarme por las ramas lo preguntaré directamente: ¿traéis lo mío?

-¡Dios bendito! ¿Y ese ruido qué es?

-Supertetis, que está roncando en la cama.

-Caray, pues parece una hormigonera.

-No desvíes el tema, Gaspar.

-Melchor, soy Melchor. ¿No ves mis bucles pelirrojos?

-Ah, perdón. Sé que Baltasar es el negro, pero a vosotros no os distingo. ¿Habéis traído lo que pedí sí o no?

-Johnny, relájate, te veo un poco enfadado.

-Y más que voy a enfadarme si no me respondes.

-De acuerdo, ¿qué pediste?

-Pedí un superpoder, en concreto dos orejas sónicas para oír a distancia la voz de mis enemigos.

-¿Estás seguro?

-Sí, Melchor. Os lo puse en la carta bien clarito.

-Soy Gaspar.

-Vale, pues Gaspar.

-Verás, Johnny... el caso es que lo sentimos, pero tu regalo es esto.

Introducen la mano en un saco y resulta que "esto" es una corbata azul con dibujitos del Pato Donald.

-Una corbata... me habéis traído una corbata.

-Sí, ¿no te gusta?

-¡Qué me va a gustar! ¡¿Para qué quiero una puta corbata?!

-Hombre, no sé, una corbata siempre viene bien.

-Vendrá bien en Wall Street, pero a mí no me hace ningún apaño. Yo quería un superpoder, lo escribí en la carta.

-Bueno, tranquilo, a lo mejor tu carta se traspapeló.

-Imposible, la envié por Internet.

-Claro, es que un virus infectó el panel cataplásmico del prepucio y el servidor se escoñó.

-Gaspar, no he entendido ni una palabra.

-Soy Melchor.

-¡Me importa un huevo quién seas! ¡Quiero el regalo que pedí y la corbata os la metéis por el culo!

-Johnny, cuida ese lenguaje.

-¡A la mierda! ¿Y sabéis qué os digo? Que el próximo año paso de vosotros y me hago de Papá Noel.

-Johnny, piénsalo bien, que eso es sacrilegio.

-Nada, lo tengo decidido. Y además, en plan cabrón, voy a decir a los niños del mundo que los Reyes Magos son los padres.

-Bien. Pues si adoptas esa actitud, tendremos que marcarte la cara a base de ostias.

-¡Ja, qué risa tía Felisa! Soy un superhéroe y puedo con los tres sin pestañear.

-Eso habrá que verlo, machote.

Los reyes se remangan y como resulta que saben kárate, los mamporros caen a mansalva, así que, mientras mi cuerpo se amolda a los golpes, saco las oportunas conclusiones: a) desde hoy odio las corbatas; b) un brindis por el 2008, que empieza cojonudo; y c) me cago en Baltasar, porque es el que más fuerte pega de los tres.

johnnysuperheroe@hotmail.com