Hola, amigos. No conozco la muerte, pero sí sé lo que es estar casi muerto. La falta de oxígeno es lo que tiene: el cerebro se atrofia y uno entra en estado de coma.

¡Bip... bip... bip...!

Las constantes vitales indican que respiro, pero aparte de eso estoy inmóvil, tumbado boca arriba y mi única visión es el techo del hospital. Llevo semanas así, igual que un vegetal, alimentándome con suero y conectado a unos tubos para hacer mis necesidades. En fin, patético. Por fortuna ojos y orejas me funcionan de maravilla y cada vez que alguien se inclina ante mi cama es como si contemplara una película en cinemascope.

-¡Johnny, qué he hecho! ¡Soy una asesina!

Esa es Supertetis, que acaba de asomar su cabeza de Mamut y llora a moco tendido.

-No te preocupes, mi hijo es tonto desde que nació y seguro que fue culpa suya.

¡Hala! Y ahora surge mi santa madre, que como es habitual en ella habla en plan buldózer.

-No, señora, la culpa es mía, que no controlo mis tetas.

-Ná, hazme caso. ¿Alguna vez has visto un superhéroe al que todo le salga mal?

-¡Snif! La verdad es que no.

-Ahí tienes la prueba: tonto perdido.

¡Bip-bip-bip-bip-bip-bip...!

Mi ritmo cardiaco aumenta y poco a poco noto como la sangre me llega a... ¡coño, qué susto! De pronto, abriéndose hueco entre mi madre y Supertetis, brota la cara de mis antiguos socios -Luis José y El Hombre Trihuevo- y aquello se torna surrealista. Veo las 4 cabezas sin que yo pueda pestañear y por momentos creo estar rodando un film de Almodóvar.

-¡Johnny, mariconazo! ¿Qué te ha pasado?

-¿Para qué preguntas? ¿No ves que no puede oírte?

-¿Y tú qué sabes si puede oírme?

-Lo sé, Luis José, esas cosas se saben.

-¡Ay, qué desgracia! ¡Ni ve ni oye ni nada! ¡Y está así por mi culpa!

-Y dale. No te martirices, la culpa es del idiota de mi hijo. Si lo sabré yo que le he parido. Oye... ¿no creéis que se está poniendo colorado?

-Más bien diría amarillo. Parece una puta momia.

-Y además tiene los ojos hundidos. ¿Lo veis?

-Sí. Y la nariz hinchada. Es clavado a Boris Karloff.

-Qué va, es igualito a Rigoberta Menchú.

-No tenéis ni idea, se parece al Monstruo de las Galletas.

-A ver, que lo diga su novia, ¿a quién se parece?

-¡Y yo qué sé! ¡Mirad, ahora le sale espuma por la boca!

¡BIP-BIP-BIP-BIP-BIP-BIP...!

-¡Anda! Y los pitos se aceleran.

¡Pues claro que se aceleran! Mi corazón bombea a un ritmo frenético, escupo bilis y además siento calor, mucho calor, la hostia de calor. Si no exploto va a ser de milagro.

-Qué pena. Con lo guapo que era y lo desmejorado que se ha quedado.

-¿Desmejorado? Dilo claramente: se ha quedado feo.

-Hombre, tanto como eso...

-Que sí, Supertetis, reconócelo, feo de cojones.

¡¡¡BIP-BIP-BIP-BIP-BIP-BIP-BIP-BIP...!!!

La liamos. Soporto que me llamen Boris Karloff, Rigoberta Menchú e incluso Monstruo Galletero, pero feo no, eso ni en broma. Así que intento levantarme, lo intento con todas mis fuerzas, y al fin, justo cuando se apodera de mí el delirium tremens, me alzo de la cama, agarro el cuello del primero que pillo -en este caso Luis José-, y empiezo a estrangularle.

-¡¿Cómo que feo?! ¡Yo te mato! ¡Soy guapo! ¡Muy guapo! ¡Soy guapísimo, joder!

Las siguientes escenas son confusas porque todos hablan a la vez, pero viene a ser algo así: Supertetis de rodillas y pregonando ¡Milagro, es un milagro!; mi madre de brazos cruzados y susurrando ya está con sus tonterías; el Hombre Trihuevo agachado a mi lado y gritando ¡Suéltale, que lo matas!; y yo apretando el cuello de Luis José que sólo alcanza a decir ¡Aaaaggggjjjjj!

Sinceramente, no sé si es una buena idea resucitar, pero como ahora no quiero pensar en ello, con vuestro permiso voy a seguir crujiendo el pescuezo del enano cabrón y el tiempo ya dirá.

johnnysuperheroe@hotmail.com