Estoy en la cama, desnudo, tumbado boca arriba y a punto de morir. No miento, lo juro por Snoopy. Es una muerte lenta, por asfixia, debido a los pechos de la señorita Supertetis que los tengo en plena cara y me cortan por completo la respiración. Uf. Y lo peor es que ella ni se entera porque duerme encima de mí como una diplodocus.

-¡Grrooorrr-jjzzzsss! ¡Grrooorrr-jjzzzsss!

Ese ruido son sus ronquidos. Dan miedo, ¿verdad? Mi dolor empezó hace seis horas, cuando le pagué el premio por salvarme de los curas violadores y hubo sexo a tutiplén. Lo hicimos de todas las formas imaginables: arriba, debajo, en pompa, curvados... En fin, el kamasutra entero. A los dos se nos activó el hipotálamo, fuente de la testosterona y madre de las hormonas sexuales, y no paramos hasta que ella cerró los ojos y se entregó a los brazos de Morfeo.

Cierto, podría escapar usando mi super-fuerza-bruta, pero por desgracia ese es imposible ya que tengo paralizado el cuerpo y ahora mismo soy como Rambo, no siento las piernas, ni los brazos, ni el esternocleidomastoideo. Tan sólo soy un muñeco, apresado bajo una anatomia femenina, y mi único deseo es que el sufrimiento acabe rápido.

-¡Grrooorrr... plataplón... jjzzzsss!

¡Toma ya! Supertetis ha cambiado de postura en mitad de un ronquido, me ha colado un pezón en la boca y como la punta de sus tetas son igual que zeppelines parece que tuviera en la glotis un chupete gigante. Joder, y eso no es todo, ya que el melonar antes me llegaba por debajo de la nariz, pero ahora me cubre los ojos y no veo ná. ¡Maldita sea! Mi karma debe estar pagando las fechorías de una vida anterior o quizás es que alguien se dedica a hacer vudú conmigo porque tanta mala estrella no es normal.

-¡Grrooorrr-jjzzzsss!

Ay, Señor... La vida se me apaga, lo noto, y mientras oigo latir mi corazón de outsider, siento ganas de llorar. ¡Un momento! También siento ganas de tirarme un gas y eso podría salvarme ya que el olor haría que Supertetis despertara. Bien, pues aunque me tachen de guarro, concentro la mente, relajo el culete y... hala, to'pafuera:

-¡Trrrrrr-tá-tatatá!

¡Jesús! Pese a soltar un señor pedorrón y al fétido aroma que inunda la habitación, ella sigue durmiendo como un angelito.

-¡Grrooorrr-jjzzzsss!

Nada, lo mejor será adaptarse a la situación y si he de morir, pues que así sea. Soy un superhéroe y hasta el final mantendré la dignidad. De modo que paciencia, nos vemos en el Cielo -por supuesto en el de los guapos- y espero que allí podamos todos bailar un twist. Hasta siempre.

Johnnysuperheroe@hotmail.com