Hola, gente. ¿Sabéis dónde estoy? En una iglesia. En serio. Para acabar con el infortunio que me rodea he decidido buscar ayuda espiritual, a ver si aquí hay más suerte.

La iglesia es amplia, tiene un Jesucristo crucificado en el altar, vidrieras en las ventanas y yo me encuentro sentado en uno de los bancos. Nadie a la vista. ¿Estarán de huelga los feligreses? No sé... Lo que sí sé es que ahora mismo un cura cruza la sala y se me planta delante.

-Hijo mío, te veo apesadumbrado. ¿Ocurre algo?

-No, padre, es que... busco ayuda espiritual.

-Ah, pues estás en el sitio adecuado. A ver, cuéntame.

El cura se sienta a mi lado y advierto que tiene cierto parecido con el caníbal de El silencio de los corderos.

-Verá, yo es que soy un superhéroe y últimamente me pasan cosas muy raras.

-¿Raras de qué tipo?

-El otro día se me apareció la Virgen María y luego resultó ser Humphrey Bogart. Eso es raro, ¿no?

-Uyuyuy... ¡A ver si vas a estar poseído!

-¿Poseído? No jodamos. Padre, creo que se confunde.

-De eso nada. ¡Anda, ven aquí!

¡Hale-hop! El sacerdote me agacha la cabeza, la mete entre sus rodillas, retira mis cabellos y me examina el cráneo. Caray, una situación incomoda. Siento su pene en la mejilla y como no me gusta, trato de apartarme.

-No te muevas, voy a ver si tienes la señal del Maligno.

Joder, la cosa es grave y a pesar de que no paro de sobarle el cimbel, dejo que me busque la señal. Tan sólo espero que el asunto no sea igual que en la peli El Exorcista y acabe lleno de pústulas como la niña poseída del film.

-Nada. Gracias a Dios no hay señales.

El cura me suelta y yo, con los pelos asustados, tal que si me hubieran dado un electro-shock, recobro la posición.

-Vale, estaba equivocado. Ahora dime qué te parece esto.

¡Será marrano! "Esto" es su miembro, que se lo ha sacado y me lo muestra como un asqueroso pervertido.

-¡Pero qué hace! ¡¿Por qué me enseña la cola?!

-Te la enseño porque eres un pecador. No lo niegues, se te ve en la cara. Venga, agáchate y mete la boca.

-¡Y un huevo! ¡Que la meta su tía la bizca!

-Perfecto, hijo mío, lo haremos por las malas.

El pater pega un silbido, otros tres curas se descuelgan del techo como Tortugas Ninja y cuando llegan al suelo el cuarteto me mira de forma extraña.

-No entiendo nada. ¿Qué pretenden?

-¿No buscabas ayuda espiritual? Pues la vas a tener... pero primero pagarás por tus pecados. ¡Abajo el pantalón!

Antes de que pueda reaccionar, los esbirros del caníbal se tiran encima, me doblan sobre un banco y me ponen el culo al aire. Esto no puede ser real, debe ser otra alucinación. ¡Coño, que van a sodomizarme cuatro curas en plena iglesia y ante los mismísimos ojos del Señor! ¡Es sacrílego! ¡Ni en una cárcel vietnamita ocurriría algo así!

¡Yeeepa! Entonces ocurre un milagro porque justo cuando siento en las nalgas la punta de la minga oigo un golpe metálico y el cura violador cae redondo al suelo.

-¡Soltad a mi chico ahora mismo!

¡Glubs! Los esbirros tragan saliva, me sueltan y cuando me incorporo veo a Supertetis con una plancha en la mano.

-Johnny, vete a casa, tienes la comida preparada.

-Vale, pero... ¿de dónde has sacado esa plancha?

-Se la robé a un ama de casa. ¡Y vete ya, que la comida se va a enfriar! ¡Yo me encargo de estos!

Sí, señora. Faltaría más. Me subo el pantalón, abandono la iglesia y mientras a mi espalda oigo los planchazos, saco las oportunas conclusiones: a) Supertetis merece un premio y lo tendrá en forma de sexo; b) los curas violadores son unos cabronazos porque se pasan el celibato por el forro de los cojones; y c) lo mío no tiene solución y hoy aprendí que ni Dios curará mis desgracias.

En fin, que volveré.

Nota: no es mi intención, pero si algún católicó se siente ofendido y quiere cagarse en mi padre puede hacerlo en johnnysuperheroe@hotmail.com