Hola. ¿Estáis bien? ¿Sí? ¿En serio? Me alegro. Yo no puedo decir lo mismo ya que la señorita Supertetis ahora vive conmigo y su presencia me ha desordenado la existencia.

Veréis, todo empezó el día que salimos del puticlub y yo le ofrecí mi casa. Uf. Craso error. ¿Por qué? Pues porque ella aceptó y lo que iban a ser unos días, va para tres semanas y al parecer la muy ladina no tiene intención de irse.

-¿Qué murmuras?

-Nada, Supertetis, estaba hablando solo.

-Pues aparta y déjame barrer, que siempre estás en medio.

Efectivamente, parecemos un matrimonio, y debido a ello tengo abandonado mis obligaciones de superhéroe y he entrado en un letargo sedentario en el que básicamente me paso el día tocándome los webs. Según Darwin la vida es evolución, y no lo niego, pero lo mío es mas bien involución porque cada vez me hago más chiquito y la vida en pareja -sí, eso de perder intimidad y descubrir objetos raros en el baño como bragas, compresas y cremas- me provoca urticaria en los sitios más insospechados del cuerpo. Un ejemplo: ¿se puede tener un grano en la pupila de un ojo, precisamente el mismo que me pestañeaba? Desde luego. Yo soy la prueba viviente de que tales realidades existen. Ay, Señor... a este paso acabaré con un parche, igual que Morgan el Pirata.

-Ya puedes sentarte, voy a hacer la comida.

Supertetis deja de barrer, regresa a la cocina y yo vuelvo a sentarme en el sofá. Agh. Estoy cansado. El motivo es que si hay una palabra que defina estas semanas esa es sexo. En serio. No paramos. Por la mañana, de noche, al medio día... En fin. Y claro, después de tanto ejercicio lo normal es haber adelgazado, ¿verdad? Pues no. A mí me da que he engordado porque aparte de chingar, Supertetis se pasa el día cocinando y podría decirse que prácticamente me está cebando.

-Prueba esto, cariño.

-No tengo hambre.

-Calla y pruébalo. Es un guiso que te estoy haciendo.

¡Gloups! Supertetis me introduce la cuchara hasta la garganta y por cojones me trago el potaje.

-Muy rico...

-Te vas a chupar los dedos. ¡Ay, cuánto te quiero!

Tras besarme, la dama vuelve a la cocina. Bien. Un respiro. He de buscar una solución ya mismo. El crimen monstruil no descansa y los telespectadores confían en mí, no puedo defraudarles. No sé... por ahí dicen que el Presidente Zapatero es gafe y debe ser cierto porque desde que le visité no levanto cabeza. ¡Maldito hijo de Mr. Bean! La próxima vez que le tenga delante le quito la sonrisa de una guantada.

-¡Aaaaaaaaagggjjjjhhhhh!

¡Jesús Divino del Santo Poder! ¿Y ahora qué pasa? ¿Por qué gritas así? Pues porque Supertetis ha dado una voltereta desde la cocina y se ha sentado en mis rodillas con las piernas abiertas. Ha sido algo inhumano, al estilo de Matrix, un puto efecto especial ideado por el mismísimo Spielberg.

-¿Qué haces? ¿No estabas preparando la comida?

-Sí, pero antes vamos a echar un polvete.

¡Hala! Y dicho esto se abre la blusa, me agarra la cabeza y se la mete entre sus inmensas pechugas.

-¡Socorro! ¡Me ahogo, Supertetis! ¡No puedo respirar!

-¿Qué te pasa?

-¡Joder, qué me asfixio!

-¿Acaso no te gustan?

-Claro que me gustan, pero tus tetas son muy peligrosas.

-Oye, que a ti te huelen los pies y yo no digo nada.

-Normal. Me huelen porque es uno de mis superpoderes, yo no tengo la culpa.

-Vaaale, no discutamos. Lo único que quiero es agradecerte lo que hiciste por mí.

-No tienes que agradecerme nada.

-Sí, amor, por supuesto que tengo, y quiero hacerte feliz.

Supertetis se acaramela y me succiona los labios como el que succiona la cabeza de un langostino.

-Para, que te conozco.

-Ay, Johnny, es que eres tan guapo... ¿No me deseas?

-Sí, pero me agotas. Tengo hasta un grano en el ojo. Y eso no es normal. La gente no suele tener granos en los ojos.

-No te preocupes, yo te lo curo con besitos.

-Déjalo, casi mejor...

Ni mejor ni gaitas. Supertetis me mete la lengua hasta la tráquea e iniciamos una nueva sesión de sexo. Esta mujer es insaciable, un pozo sin fondo, y si no lo remedio terminaré consumido como la insigne momia de Tutankamón. Hasta la próxima... si sobrevivo.

PD: a marietta, que no sé qué ha pasado (creo que me perdí algo) y me he encontrado con su adiós. Besos, amiga.