JOHNNY LOMAX Y SUPERTETIS
Qué pasa. Después de una larga ausencia vuelvo a estar aquí y... no voy a engañaros: estoy deprimido. El motivo es que tras los últimos acontecimientos he decidido prescindir de mis socios, dos de los seres más tontos del planeta y los causantes de encontrarme en una especie de andropausia, el equivalente de la menopausia femenina, cuyos síntomas son perdida de la autoestima, irritabilidad, fatiga, insomnio y disminución de la libido. ¡Toma! Lo que en plata significa estar fatal. Y además, por si esto fuera poco, encima me invade un sentimiento de culpa ya que como el roce hace al cariño, la verdad es que estimo a ese par de memos y duele separarse de ellos.
En fin. Así que bajo tales circunstancias ahora mismo deambulo sin rumbo por las calles, hasta que entro en un bar, me siento ante la barra y cuando me sirven la cerveza que he pedido, una mujer se acomoda a mi lado.
-Hola, guapo... ¿Puedo hacerte compañía?
-Tú misma, estamos en un país libre. Ahora, te advierto que tengo andropausia y a lo mejor me pongo a llorar.
-Bien, en el bolso llevo clinex. ¿Me invitas a una copa?
La invito, charlamos y resulta que se llama Supertetis. Oh, ¿acaso estoy ante una heroína con superpoderes? Pues no. La explicación es que me he metido en un puticlub y su nombre es un apodo que le viene de sus enormes glándulas mamarias. Vale, acepto la situación, y como las prostitutas escuchan mejor que los psicólogos, le cuento mis penas, ella me cuenta las suyas, y cuando acabamos la provisión de clinex, se presenta ante nosotros un Austrolopitecus.
-¡Qué coño haces llorando! ¡Así espantas a los clientes!
Lo capto rápido. El fulano es su proxeneta, un tipo bruto y mal encarado, sin duda pariente de Al Capone.
-La señorita llora lo que quiera porque se viene conmigo.
-Ah, espléndido, en ese caso son 60 euros la hora.
-No me has entendido. Supertetis ya no trabaja para ti.
-¡Ja, qué risa! ¿Habéis oído lo que dice el lechuguino?
La gente del local gira el cuello y nos mira. Okey, paso de andropausias y si el marsupial quiere guerra, habrá guerra.
-Cuidado con lo que dices que soy Johnny Lomax.
-Y yo Perico el de los Palotes. Mira, hoy estoy de buenas y como odio la violencia te propongo el duelo de las tres pruebas. Quien gane se la lleva. ¿Aceptas?
-La dama no es una mercancía.
-Ya lo sé, hombre, es una forma de hablar. Aunque no lo creas tengo estudios y yo respeto los Derechos Humanos. ¿Aceptas sí o no?
-Johnny, no lo hagas, las tres pruebas son muy difíciles.
-Tranquila, Supertetis, a mí Perico el de los Palotes no me da ningún miedo. ¡Acepto!
¡Tan-tatachán! Y al instante la gente se arremolina ante el espectáculo. El asunto es como un concurso de la tele, es decir, hay un juez, en este caso el camarero del puticlub, una urna llena de papeles con distintas pruebas y el azar decidirá cuál se hace. Perfecto. Entendida la mecánica del duelo, saco un papel y el camarero lo lee:
-Depilación de ingles. Pierde el que primero grite.
Vale. Acatamos la prueba sin mostrar pánico y tras bajarnos el pantalón, el juez nos pega una tirita en cada ingle.
-Listo. Las normas dicen que el aspirante debe comenzar el duelo. ¿Alguna objeción, Johnny?
-Ninguna, aquí está mi ingle.
¡Zaaaaaaaas! El camarero quita la tirita y a pesar de que me caen unos lagrimones como puños, soy un machote y no suelto ni un grito. ¡Bien por mí! Mi rival no puede decir lo mismo ya que en cuanto le desprenden la tirita hasta Japón llegan sus alaridos. ¡Mal por él! Es una nenaza y merece perder.
-Felicidades, Johnny, ganas uno a cero.
-Gracias, señor juez. Tan sólo decir que desde hoy admiro a las mujeres por lo que sufren ante semejante tortura.
El comentario hace que las prostitutas murmuren entre ellas y que Supertetis aletee las pestañas. Aquello me infunde valor y justo cuando nos subimos el pantalón, el segundo papel es extraído de la urna:
-Pregunta cultural: ¿cómo se dice bigote en italiano?
-Esa me la sé, se dice bigotini.
-Error.
-¡Cómo que error! De eso nada, se dice así, hace años tuve una novia italiana y me lo dijo. Era tremenda, su bigotini le llegaba hasta el ombligo.
-Soy el juez y mis decisiones no se discuten. ¿Qué responde Perico el de los Palotes?
-Responde Trampolini di moco.
-Correcto. El duelo queda empatado.
Hay vítores y aplausos y los clientes del puticlub palmean la espalda del vencedor. Conforme. Si quieren jugar sucio, jugaremos sucio. Cuando el último papel es sacado de la urna se hace el silencio en el local.
-Pregunta de álgebra: tres docenas de limones cuestan tantos euros como limones dan por 3 euros. ¿Cuánto vale la docena de limones?
La liamos. Soy de letras y como para mí las matemáticas son un jeroglífico, diga lo que diga ya he perdido porque no sé la respuesta. ¡Maldición! Pero el mafioso si parece saberla ya que se relame esbozando una pícara sonrisa. Uf. La cosa está mal. Muy mal. Requetemal. Supertetis baja la cabeza resignada y todo indica que aquello es el final, pero entonces ocurre que tengo una de mis brillantes ideas y con un rápido movimiento arreo a Perico el de los Palotes una patada en los testículos. ¡Pumba! El tipo bizquea, se lleva las manos a la entrepierna e hinca las rodillas en el suelo.
-¡Vamos, Supertetis!
Ante el desconcierto general, agarro su mano, salimos del bar y en la calle corremos como si tuviéramos una guindilla metida en el culo. Parecemos Bonnie and Clyde en una de sus míticas huidas y como ambos merecemos un futuro mejor, nada ni nadie nos detendrá.








lluna dijo
Johnny, que me cuentas, que valiente, quien fuera la Supertetis...Anonadada me dejas, al fin la acción sólo, sin tus socios.
Ay, suspiro de emoción sólo de imaginar por un momento que sentiría yo si fuera la Supertetis.
Besos!!!
22 Septiembre 2007 | 11:45 PM