JOHNNY LOMAX IN THE BEACH
Hola a tutti il mondi. Por si algún bípedo todavía no lo sabe, la playa relaja un montón. El sol, pisar la arena, la brisa del mar... Vamos, que es el mejor invento de la naturaleza, siempre y cuando esa playa no este masificada, que por desgracia es nuestro caso.
Hablo en plural porque me he venido de vacaciones con mis socios y ahora mismo nos encontramos rodeados de sombrillas, familias carpetovetónicas y extranjeros que se tuestan como sardinas. El objetivo es crear camaradería y con esa idea llegamos hace una semana y nos instalamos en un chulísimo apartamento desde donde se ve la inmensidad oceánica.
-¡Socorro! ¡Que alguien me ayude! ¡Me he quedado ciego!
-No te has quedado ciego, abre los ojos.
-Es verdad, olvidaba que estaba descansando los párpados.
¡Zzzzzzzzzzzz! Y dicho esto El Hombre Trihuevo vuelve a quedarse dormido en la hamaca. Perfecto. Sigo. Hay que decir que mi esbelta figura ha levantado la libido de las féminas y tras recibir varias propuestas sexuales es posible que acepte alguna; que el dormilón, tras una ducha que ha borrado la roña acumulada en años de mendicidad, también tiene cierto éxito entre las jubiladas; y que Luis José, desde que le compré unas gafas de buceo y un arpón de plástico, es un enano muy feliz. Ahora está en el agua, con un pulpo en la cabeza. ¿Un pulpo? Pues sí. Lleva tres días con el bicho amarrado al cráneo. Para mí que los tentáculos ya le han llegado al cerebelo y no coordina. En fin, él verá.
-¡Luis José, ojo con las olas que la resaca es muy fuerte! ¡Y ni se te ocurra hacer pis en el agua, que te conozco!
Nada, el gnomo sigue zambulléndose como un Tarzán de metro y medio hasta que, al rato, cruza el bosque de sombrillas para mostrarme algo:
-¡Mira, Johnny, mira lo que he pescado!
-Eso es un zapato.
-¡Qué dices! Es un pez payaso. ¿No ves las agallas?
-Tu bigote sí que tiene agallas. Eso es un chicle pegado en la suela. Y ponte crema, que te vas a quemar.
-¡Quita! A mí déjame de mariconadas.
-Si lo hago por tu bien, que tienes la piel muy blanca.
-Ay, qué pesado. Pareces mi madre.
-Como quieras, si luego te pelas es tu problema. Oye, ahora que estamos los tres, deberíamos abordar el tema de nuestra próxima aventura. ¿Me oyes Trihuevo?
-Sííííí...
-Pues eso, resulta que hay gente muy poderosa que encubre a los monstruos y... ¡Luis José, quieres dejar de jugar con el cubo y la pala y prestar atención!
-Te escucho, puedo hacer las dos cosas a la vez.
-Lo dudo, el otro día fuiste incapaz de nadar y respirar a la vez y casi te ahogas.
-Claro, porque eso es muy difícil.
-Difícil en tu pueblo. Venga, centrémonos por favor, el caso es que... Eh, ¿y adónde vas tú ahora?
-A bañarme, que con tanto grito aquí no hay quien duerma.
Acojonante. Y el Trihuevo se va, dejándome con la palabra en la boca. Uffff. De verdad, porque uno tiene buen carácter que si no aquí iba a arder Troya.
-Johnny ¿me compras un helado?
-De eso nada.
-¡Jó!
-Ni jó ni já, Luis José. Los cambios de temperatura son muy malos para la garganta.
-¿Qué pasa? ¿Ahora también eres el Doctor House?
-Pues sí. Y para que lo sepas tengo su misma mala leche. Así que ya te estas quitando el pulpo de la cabeza, que va a darte un colapso y vamos a acabar en urgencias.
-Uuuuuh, te veo muy enfadado.
-Enfadado es poco. Me estáis amargando las vacaciones. Con eso te lo digo todo.
-¡Aaagghh! ¡Uuugghh! ¡Qué asco! ¡Puaaahgjjjj...!
¡Recorcho! En ese instante la gente corre despavorida y se oyen gritos provenientes del mar. ¿Qué ocurre? ¿Viene un tiburón? ¿Godzilla? ¿Un tsunami?
¡Noooooooo! Al llegar a la orilla descubrimos a la bestia. Se trata de una mierda, o sea, un zurullo, una caca, toda una señora defecación humana flotando entre las olas propiedad del Hombre Trihuevo que ha hecho de vientre porque le ha dado la real gana y ahora sale del agua tan tranquilo.
-Lo siento, no he podido aguantarme.
¡Toma! Y el colega se queda tan ancho. Entonces ocurre que los veraneantes nos miran con odio y tras unos primeros abucheos e insultos -digo yo que en un arrebato paranoico, consecuencia de antiguos traumas infantiles y que en épocas estivales afloran que da gusto-, todos los presentes sacan navajas, bates de béisbol y estacas de madera que deben servir para matar al Conde Drácula. ¡Jesús! Pero ¿cómo se puede venir a la playa con semejantes trastos? Pues vienen, vaya si vienen, y cuando la chusma empieza a rodearnos, nosotros y el pulpo tragamos saliva, síntoma inequívoco del miedo que nos devora.
Sí, vale, cierto, podríamos defendernos (con cualquiera de mis superpoderes o con una nube tóxica de pedo concentrado que lanzara Luis José), pero eso no seria ético ya que los superhéroes jamás atacan a la población civil. De modo que hacemos lo único que se puede hacer: correr. ¡Hale-hop! Y en un visto y no visto huimos con gallardía torera mientras la marabunta nos persigue por toda la costa. ¡Malditas vacaciones!
Nota: un post algo escatológico, lo sé, pero es que estos membrillos son así de guarretes. Yo no tengo la culpa.
PD: dedicado a Lluna, que me ilumina con su sonrisa.















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Ramsés .... dijo
Jajajajajajajajajajajajajajajajajajaa, looooooooooool
Oye, si por casualidad eso es Benidorm.......se puede disfrutar muy bien de la playa pero..............mejor a partir de las 12 de la noche.
Lo dice el típico madrileño, y ¿donde suele ir el típico madrileño de vacaciones?, si señor, si señor, es que esta estaba cantada, ¡¡¡¡¡a Benidorm!!!!!.
Menos cuando la economia no está muy boyante, en esos casos el típico madrileño a lo mas que suele llegar es...?.......exactó, 4 gallifantes mas, al bar de la esquina.
Good night.
16 Agosto 2007 | 03:28 AM