JOHNNY LOMAX VISITA A ZAPATERO
Hola, gente wapa. Resulta que estaba la otra noche en casa, contemplando la Luna Llena y con el ventilador a un palmo de la cara, cuando de repente suena el teléfono. ¡Riiiing! Me extrañó, hace meses que no pago el recibo y creí que ya me habían cortado la línea, pero bueno, el caso es que sonar, sonó.
-¿Dígame?
-¡Señor Lomax!
Peligro. ¡Mayday-Mayday! Esa voz autoritaria tenía toda la pinta de ser un acreedor.
-Lo siento, se ha confundido.
-Sabemos que es usted, señor Lomax. Déjese de tonterías.
-Oiga, mire, si le debo dinero no tengo.
-No es un asunto monetario. Le llamo de la Secretaría del Gobierno. El Presidente Zapatero quiere hablar con usted.
¡Glubs! De la impresión los pelos se me enroscaron en el ventilador y estuve girando toda la noche. Al día siguiente, ya recuperado, un vehículo me recogió en casa y ahora mismo me encuentro en una sala del Palacio de la Moncloa a la espera de ser recibido en audiencia.
¿Qué quiere de mí el Presidente del Gobierno de España? Ni idea. Pero como el encuentro lo merece, me he presentado con los calzoncillos limpios y con mi traje de superhéroe recién salido de la lavandería.
-Adelante, señor Lomax, el Presidente le espera.
Atravieso la puerta que el mayordomo me indica, entro en un despacho y Zapatero, con su cuerpo desgarbado y su careto a lo Mr. Bean, sale del escritorio y me abraza efusivamente.
-¡Hombre, Johnny, cuántas ganas tenia de conocerte! A ver, Rony, que empiece la música.
Rony, el hercúleo guardaespaldas que custodia la puerta, conecta un compact-disc y en el despacho suena El Bolero de Ravel: "tan-taratatán... tíiii-tiroriro-tirori-tiroriiiiii...".
-¿Bailamos?
-¿Quién? ¿Usted y yo?
-Claro. Venga, si sé que lo estas deseando.
Antes de que pueda reaccionar, el Presidente de la octava potencia del mundo me agarra de la cintura y danzamos como dos mamarrachos. Yo me dejo hacer, ¡qué remedio!, hasta que al fin termina la canción y nos separamos.
-Bueno, ¿qué? ¿Te ha gustado?
-No ha estado mal, pero si le soy sincero prefiero bailar con individuos del sexo femenino.
-¡Caramba! ¿Pero tú no eras marica? Según los informes del Servicio Secreto no había ninguna duda.
-Los informes se equivocan. A mí me gustan las mujeres.
-Vaya, lo siento. Desde que legalicé las bodas homosexuales siempre recibo así a los gays. Un detalle que tengo con ellos. En fin, olvidemos el lapsus. Ven, siéntate.
Bajo la atenta mirada del gigante Rony, nos acomodamos ante el escritorio, uno enfrente del otro.
-Antes de nada ¿qué te parece la seta? Se la enseño a todas las visitas. A mí me tiene fascinado. ¿A que es rara?
-Y tan rara. Como que no es una seta. Esto es una lámpara.
-¿Una lámpara? ¿Estás seguro?
-Claro. ¿Ve?, se aprieta el interruptor y aparece la luz.
Zapatero frunce el ceño, mira con odio al guardaespaldas y éste, tapándose la boca con la mano, se parte de risa.
-¡Mierda! Ya han vuelto a engañarme... Bueno, dejémoslo que no quiero enfadarme. Verás, Johnny, te he llamado porque he de tratar contigo un asunto complejo.
-Perfecto. Pues usted dirá.
-Combatir la telebasura está muy bien, pero la gente que ve esos programas son posibles votantes y uno debe contentar a la masa electoral. Lo entiendes, ¿verdad?
-No.
-A ver cómo te lo explico... La televisión es un prodigioso invento. Se podría decir que es el vademécun del solitario, la gran planta adormidera, el látigo de la rutina y en los días festivos la madre de todas las boberías.
-¿Le importaría simplificar?
-Bien, iré al grano: la telebasura y sus monstruos no pueden dejar de existir en ningún país civilizado.
-¿Por qué?
-Porque es el nuevo opio del pueblo y la manera más eficaz de idiotizar a la población.
-A ver si lo entiendo: ¿quiere decir que los programas del corazón, los realitys shows y toda la bazofia televisiva no es más que una conspiración a nivel mundial para alienar a las personas?
-Exacto. Lo entendiste a la primera. Mientras la humanidad se atonta con esos programas los líderes mundiales podemos subir los impuestos y hacer lo que nos venga en gana.
-¡Santo Dios! ¡Pero eso es diabólico! ¡Alguien debe acabar con esa inmoralidad!
-¡Jaja! Qué iluso eres. Superhéroes más recios que tú ya lo han intentado y todos han fracasado. Mira, puedes eliminar a algún monster, ahí no voy a meterme, pero sin pasarte porque habría consecuencias.
-¿Es una amenaza?
-Digamos que es una simple advertencia. De buena onda, por supuesto, que soy de izquierdas y no me gusta intimidar.
-Comprendo.
-¿Y si lo comprendes qué vas a hacer?
-Por lo pronto irme de vacaciones y estudiar el asunto en la playa. Ahora, desde ya le advierto que Johnny Lomax no se vende. Eso que quede bien clarito.
-Sí, hombre, no te enfades. ¿Te apetece otro bailecito para limar asperezas?
-Vale, pero que sea suelto. ¿Tiene algo de los Bee Gees?
Dicho y hecho. El escolta conecta el compact-disc y cinco segundos después el Presidente Zapatero, Rony King-Kong y un servidor bailamos como tres boludos bajo los falsetes de Stayin' Alive. Ay, qué locura de mundo.
PD: por si a alguien le da el punto de maldecirme o lo que sea, vuelvo a dejar el mail Johnnysuperheroe@hotmail.com










Johnny Lomax dijo
Os escribo desde la playa. Llegué ayer y ahora mismo estoy bajo una palmera cocotera, tomando un delicioso daiquiri. Ojalá estuvieráis aquí y nos pudiéramos bañar todos juntos.
Seguiré conectado vía portátil, pero con calma, necesito descansar. Johnny Lomax os quiere como la trucha al trucho, es decir, mucho.
Y ahora os dejo, que tras un paseito por vuestros blogs, una espectacular mulata va a darme un masaje con los pies y luego toca surfear un poco.
Ciao.
31 Julio 2007 | 01:26 PM