¡Gran noticia! Mis aventuras cruzaron el charco y la prestigiosa revista Fantastic Magazine me ha hecho una entrevista. Por si a alguien le interesa transcribo el reporter tal cual ha sido publicado.

A ver, Johnny, empecemos con una curiosidad: ¿qué edad tienes? Lo digo porque se comenta que tienes 42, aunque otras fuentes apuntan que 32 e incluso que 22.

Bueno, eso forma parte de la leyenda. ¿Cuántos años tiene El Chapulin Colorado, Xena o La Masa? Ah, nadie lo sabe.

Sí, vale, pero qué me dices de la edad mental.

No entiendo la pregunta.

Me refiero a que en ciertos círculos se asegura que eres medio mongólico y que te fugaste de un frenopático.

Eso son habladurías, simples habladurías.

De acuerdo, te lo preguntaré de otra manera: ¿te consideras un ser humano normal?

Hombre... pues no. Para qué voy a engañarte. De entrada soy un superhéroe y tengo superpoderes, algo de lo que carecen los seres normales.

Hablando de superpoderes ¿de cuál de ellos te sientes más orgulloso?

De mi fuerza bruta, un poder tan bestial que me permite romper las galletas María Fontaneda con las pestañas.

Bien, pasemos al aspecto. Según el primer post, y cito textualmente, tu vestuario consta de una capa roja, en realidad un trozo de cortina encontrada en un vertedero; una malla elástica que se ciñe a tu escultural cuerpo como un guante, y unas botas de suela gorda robadas a un pocero.

Se te olvida el gorro de aviador, igualito al de Lindo Pulgoso, regalo de mi abuelo Frank el Seisdedos.

Sí, claro, y el gorrito... En serio, Johnny, ¿no te da vergüenza salir a la calle con esa pinta de majadero?

¡Oye, sin faltar!

No, si yo lo digo porque lo tuyo parece de saldo y es un desprestigio para el resto de superhéroes.

Esa es tu opinión, que por supuesto no comparto. Primero porque la indumentaria no importa y segundo porque tengo un cuerpo de adonis y con cualquier trapito estoy hecho un pincel. Además, como me caigo de guapo pues... ¿O no te parezco guapo?

No sé, yo de esas cosas no entiendo.

Pues deberías. Hay que saber apreciar la belleza. Es como ver un fresco de Botticelli o una escultura de Miguel Ángel. Si tienes sensibilidad los ojos se te humedecen al contemplar esas obras, ¿no? Pues conmigo pasa lo mismo.

No te ofendas, pero a mí lo que me parece es que eres un egocéntrico de mucho cuidado.

Lo siento, ahí me has pillado porque de política no entiendo.

¿Sabes, Johnny?... Empiezo a pensar que tu sentido de la realidad es una entelequia.

Y dale. Sé que es triste, pero te repito que de política ni idea. Mejor cambiemos de tema.

Vale, pues hagamos un poco de historia. Naciste en Nueva York, en el barrio de Brooklin, y estudiaste con grandes héroes americanos como El Hombre Lapa y La Hormiga Atómica. ¿Qué recuerdos tienes de aquella época?

Uf, maravillosos. Menudas tajadas nos pillábamos. Todavía recuerdo cuando en una movida SuperRatón se pilló la cabeza con los márgenes de una máquina de escribir. ¡Jajaja, qué risa! O aquella otra en la que estando todos bolingas acabamos desnudos en Central Park y El Hombre del Antifaz se empeñó en follarse a un árbol. ¡Jajaja...!

Por tus palabras deduzco que te drogas.

No, no, nada de drogas, esto quiero dejarlo bien claro porque es un mal ejemplo para la juventud. Lo que sí te reconozco es que a veces me amorro a los tubos de escape de las vespas y me coloco con el monóxido de carbono. Pero eso puedo dejarlo cuando quiera y aunque ahora me veas con un mono subido a la chepa, no estoy para nada enganchado.

En fin, avancemos. Tras licenciarte combatiste contra los monstruos yankis y después de muchos avatares lograste derrotar a tu gran enemigo el maligno Doctor Repollo.

Así es. Fue una dura batalla de la que me siento muy orgulloso.

Claro, es comprensible, ¿y qué fue de él?

¿Del Doctor Repollo? Pues sigue encerrado, cumpliendo su condena. Por cierto, te contaré un secreto: como trofeo, antes de entregarle a las autoridades, le vacié los oídos y me hice una vela con la cera de sus orejas.

¡Caray! Menuda guarrada, Johnny.

Guarrada según se mire. Cuando me cortan la luz por falta de pago me viene de chufla la vela del Doctor Repollo.

Pasemos a otra cosa, ¿por qué decidiste venir a España?

Porque los monsters españoles son lo peor de lo peor. No hay más que encender la televisión y verlo. Este gran país, patria del calimocho y el jamón de bellota, necesitaba a alguien como yo.

Pero no has salido bien parado con los monstruos hispanos a los que te has enfrentado hasta ahora.

Cierto, pero las tornas van a cambiar. Esa gentuza no sabe con quien se la juega.

Dime... ¿quién sería tu mayor enemigo ibérico?

Hum... buena pregunta. Y aunque tengo para elegir ya que todos son tela de pérfidos, me quedo con mi vecino, el niño del nunchaco, que pese a no ser un monster televisivo, me tiene frito con sus memeces.

¿Qué niño?... Ah, sí, ahora caigo, hablas de él en tu segundo y tercer post, un criajo que la tiene tomada contigo.

Sí, pero que vaya con cuidado porque aunque tenga siete años y venga de una familia desestructurada, yo a la hora de machacar cabezas no me ando con remilgos.

Palabras duras tratándose un chiquillo, Johnny.

Las que se merece ése pequeño hitleriano.

Una pregunta sin malicia, ¿sigues tomando medicación o ya dejaste las pastillas?

¡Tócate los cojones! ¡Sin malicia, dice! Pero si llevas desde el principio lanzándome puyazos: que si soy mongol, que si el frenopático, que si me avergüenzo... Mira, amigo, ojo conmigo porque de un sopapo de mando a Huston, Texas.

No te enfades, Johnny, son preguntas que están en la calle.

¡Chorradas! Y ya me estas empezando a tocar los webs con tus preguntitas. ¿Queda mucho de entrevista?...

No, estamos acabando, ahora pasemos a un par de preguntas idiotas, más que nada para que los lectores sepan de qué vaina vas.

Chist, cuidado, ¿a qué vaina te refieres?

A ninguna, desinfla la vena del cuello que empiezo: ¿te gusta la música?

Pues sí, mucho. Es más, incluso a veces toco.

¿Anda, sí? ¿Y puede saberse qué instrumento tocas?

Se puede. Toco el arpa de boca y mi polla.

Vaya, curioso. ¿Y cómo lo haces? ¿Te la soplas?

Exacto. Y la canción del colacao me sale de miedo.

Me alegro. ¿Cuál es tu comida preferida?

Las chuches y el flan de huevo.

¿Practicas algún deporte?

Hago pesas para muscular mi esbelta figura.

¿Lecturas favoritas?

Dostoiewski y siempre en el cuarto de baño.

Y para finalizar -ya que te veo muy alterado y sinceramente esto no da más de sí-, ¿cómo calmas los nervios antes de enfrentarte a tus adversarios?

Bebo un trago de colonia Brummel y realizo piruetas con un yoyó.

Bien, pues ya hemos acabado, Johnny, conocerte ha sido toda una experiencia lisérgica.

Lo mismo digo, pero lisérgico tu santo padre.

No era un insulto.

Por si acaso.