Hola, soy yo, al fin libre del niño y dispuesto a luchar contra los lerdos de este coqueto país, patria del toro de lidia.
Son las 22:30 horas y estoy en un estudio de tv donde los monstruos se reúnen cada semana para hablar de sus cosas monstruiles previo pago de unas monstruosas sacas repletas de billetes.
El plató es policrónico para que la audiencia crea ir de tripi. Las mesas, sillas y demás objetos de atrezzo también están ideados con ese fin. La situación es la siguiente: a la izquierda los peleles preguntones, a la derecha los respondones y en el centro, diriendo el cotarro, uno con cara de pluscuamperfecto. Presenciando en directo el subidón lisérgico unos afortunados personajes anónimos que ejerciendo de público se alinean hasta la médula, babean sin control y, tumefactos perdidos, mean y requetemean las orejas de los vecinos sentados a los lados.
Bien. Me sitúo a la entrada del estudio y disfrazado de guardia jurado, con el que paso absolutamente desapercibido gracias a mi pimpollo cuerpo de adonis, aguardo inquieto el momento de actuar. Mi objetivo es uno de los entes preguntones y aunque verdaderamente tengo para elegir pues todos son de la piel de Barrabás, en esta ocasión me decanto por el que, dicen, le encanta ponerse mirando a Cuenca los fines de semana. Un especimen diabólico como el muñeco Chucki y que pese a su ridícula estatura e indudable poca robustez, cuentan que cuando habla genera tifones, terremotos y muchas lluvias ácidas.
Dicho personaje, apodado El Yogurtero, a estas alturas del programa se está despachando a gusto con una monstrua siliconada de coeficiente intelectual cero. Aunque no me está permitido por mi código de superhéroe, al fin y al cabo es un enemigo, en un primer arrebato siento pena por la monstrua. También vergüenza ajena, pero casi más pena. ¿Me estaré ablandando con la edad? Puede. En cualquier caso, en un alarde de concentración mental sólo posible en seres superiores, borro de mi mente la descabellada idea de revelar mi identidad y amasacrar al monster preguntón a base de rayos luminosos o cualquier otro superpoder que desee utilizar -¡será por poderes!-, y repitiéndome con fruición que debo seguir el plan trazado, que éste sí que es bueno, suspiro como un gañán y en silencio evoco aquella estupenda frase de mi amigo SuperRatón: "Lo primero es antes". Pues eso, a por lo primero y dejémonos de gaitas.
23:00 horas. El Yogurtero habla por el móvil mientras el resto de monstruos se acusa y se insulta y se cita en los juzgados por un absurdo asunto de cama. En el mundo monstruil casi siempre hay un asunto de cama de por medio. ¿Por qué? Fácil. Porque los monstruitos tienden a aparearse entre ellos con el fin de a) contar la hazaña a todo aquel que quiera escuchar, b) concebir hijos contrahechos para perpetuar la raza, y c) dinero. Ni que decir tiene que el punto c constituye la madre de todas las aspiraciones.
Bueno, al grano: corte publicitario. El momento que esperaba para poner en marcha mi plan. ¿Detalles del mismo? Ahí va: según mis informes en cada descanso los adefesios enfilan los servicios donde, lejos de evacuar la vejiga a no ser que sea estrictamente necesario, se espolvorean el alma con sustancias provenientes del otro lado del charco. Es ahí donde pillaré al Yogurtero y con un palillo o mondadientes, artículo de uso muy común en este gran país llenito de baretos, le pincharé en el hueco de una muela picada hasta que pierda el sentido. Luego, ya en mi poder, le introduciré en una bolsa gigante de supermercados Dia y lo despeñaré por un acantilado. Así de simple. Y si el plan no funciona, rayo luminoso que te crió y asunto arreglado.
A las 23:15 horas un sujeto dice "estamos fuera" y los entes se hacen humo. Ok. Sigo al Yogurtero y ante mi sorpresa se introduce en un camerino. Vale. Lo mismo da. En un periquete me desprendo del disfraz y entro de golpe empuñando con fuerza el palillo.
-¿Eh? ¿Quién eres tú? ¿Qué quieres? ¿Un autógrafo?
-Yo sí que te voy a dar autógrafo. ¡Abre esa bocaza y calla!
-¡Un momento! ¡Espera! ¡Sé... sé quién eres!
-¿Lo sabes?
-Por supuesto, Johnny. Yo lo sé todo. Soy periodista.
-Bien. Entonces acabemos cuanto antes. ¿Ves este palillo? Lleva escrito tu nombre. Muéstrame una muela y acepta tu destino.
-¡Alto! Tengo fotografías que podrían comprometerte.
-¿Fotografías?
-Año 97, hotel Banana Tryp, en Cayo Coco... ¿Quieres más detalles? Tengo entendido que era una menor.
-¿Una menor? Me dijo que tenía veintiuno...
-Ja. Qué gracia. Dieciséis y medio, Johnny, lo sé de buena tinta. Las fotos fueron robadas y ahora están en poder de una revista.
-¡Mientes! Utilizas tus poderes para confundirme.
-De eso nada. Mira, lo mejor es que entres al plató y lo aclares ante las cámaras. Además, así podrías llevarte unos cuantos billetes.
-¡Atrás, aborto! ¡Tú lo que quieres es convertirme en uno de vosotros!
-No, hombre, confía en mi, soy tu amigo... Por cierto ¿qué me dices de las explosivas declaraciones de La Mujer Tóxica aparecidas en la revista Supertal sobre el romance que se os atribuye?
-¡Dios Santo! Eres infernalmente peor de lo que imaginaba.
Y una vez dicho esto, sintiéndome derrotado por sus salivazos verbales, que efectivamente eran capaces de ocasionar tornados y terremotos y eclipses totales de sol, de dos zancadas abro la puerta y emprendo la huida.
-¡Piénsalo, Johnny, hay mucho dinero en juego!
Bajo el sonido de su indecente propuesta registro las oportunas notas mentales: a) los monstruos preguntones son los peores porque siempre tienen algo en contra de uno, b) la próxima vez que me enfrente a ellos llevaré un escapulario de la Virgen de Linarejos, y c) duele. ¿Razón? He pisado la capa roja, me he partido la crisma y en el segundo revolcón el palillo del demonio se me ha clavado en la cuenca del ojo. ¡Joder! Y por si esto fuera poco, ahora, tirado en el suelo, exactamente a las 23:30 horas, un perro sarnoso se ha enganchado a uno de mis tobillos y el hijo de Lassy no para de morderme la bendita pierna.
En fin, que ya volveré. Espero.

Jua, jua, jua! Me parto, amiguete. Una pregunta: ¿el Yogurtero es uno con bigote y apellidado Mariñas? Si es así, no hay duda: le gusta morder la almohada, pero no mirando a Cuenca, sino más bien hacia un pueblucho de Marruecos.
Un abrazo.
Recuperate, Johnny, y vuelve a la caza. Los monsters lo tienen crudo contigo.
Mua! (beso)
Vale, machote, lo tuyo es muy fuerte.
A seguir bien.
Mmm... Dime, Johnny, ¿es cierto que tienes un escultural cuerpo? Si es así, al menos compensa tu descacharrante estulticia.
Chiquirribesos.
Depues de leer la primera aventura, ahora me encarge de continuar con la segunda (pues como lo dijo tu amigo super-raton "Loprimero es antes"jeje)... En esta ocasion me vuelves a sorprender con tu forma de ver la vida, intentas encontrale buen sentido; sin embargo me desilusiona que aun no ganes una batalla (bueno apenas he leido dos, aun hay tiempo). Saludos Johny... Por ciero cual es tu punto debil? (un ejemplo: Superman a la criptonita, sanson a que le corten su cabello, etc), tù con que te debilitas?
La próxima vez que te enfrentes a un yogurtero de esos, ponte unos cascos con música de la buena a todo volumen. Te subirá la moral y contrarrestarás sus malvados superpoderes verbales.